Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica L'Alcúdia

 

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La Alcudia virtual

Visita virtual al yacimiento

Transcripción textual

En la mañana del 4 de agosto de 1897, un muchacho que realiza trabajos de desmonte junto a otros obreros, desentierra el rostro más enigmático de la escultura ibérica, la Dama de Elche, tallada en piedra caliza entre los siglos V y IV a.n.e.

La Dama de Elche es el vestigio más popular de los hallados en esta zona conocida como la Alcudia, que en árabe quiere decir altozano o colina.

La Alcudia es un valioso yacimiento y museo arqueológico, situado a dos kilómetros de la ciudad de Elche. Encierra huellas de cinco mil años de vida, desde el neolítico hasta los inicios de la época islámica, en que la ciudad se abandona y cae en la oscuridad del olvido. Los restos de sus edificaciones son utilizados durante varios siglos como cantera de materiales para la construcción, sobre todo, de la vecina Elche, y el terreno se cubre y se transforma en tierra para labores agrícolas.

A mediados del siglo XIX, los hermanos Aureliano y Pedro Ibarra arrojan un resquicio de luz sobre el pasado de La Alcudia, a partir de la realización de una serie de excavaciones. Su labor la continúa en los decenios siguientes Alejandro Ramos Folqués y su familia, propietarios de la finca, hasta que, en 1996, se crea la Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica La Alcudia, que intenta dar un impulso definitivo al conocimiento de la ciudad que brilló durante cientos de años, conocida como Ílici

LA ALCUDIA: LUZ SOBRE ÍLICI

La Alcudia, habitada desde hace siete mil años, vivía inmersa, entre los siglos V y II a.n.e., en la cultura ibérica.

Los iberos de La Alcudia estaban fuertemente influidos por otras gentes del Mediterráneo con las que mantenían relaciones, como los fenicios, establecidos en Ibiza y en las dunas de Guardamar; y los griegos, asentados en las colonias catalanas de Ampurias y Rosas, y en algunos otros poblados ibéricos.

De la ciudad que ocupaba la Alcudia en época ibérica, las excavaciones no han puesto todavía al descubierto superficies amplias. Sí se han encontrado restos de un edificio de adobe, que pudo ser un templo vinculado a la divinidad de la tierra y al culto dinástico.

La cultura ibérica produjo en La Alcudia materiales escultóricos de gran calidad, como guerreros y animales reales y fantásticos.

Estas figuras tenían una función religiosa o representativa, relacionada con las élites locales que gobernaban la ciudad.

El más singular de los descubrimientos de la Alcudia y de toda la cultura ibérica sigue siendo la Dama de Elche. Tallada a fines el siglo V a.n.e, aparece rodeada de misterio: parece una mujer, pero también pudiera ser un hombre; ¿es un retrato o la representación de una divinidad?; en su origen, ¿era un busto o una escultura de cuerpo entero?

La teoría más extendida es que representa una divinidad femenina, alojada en un edificio sagrado dentro de la ciudad y que, para salvarla de algún ataque exterior, fue cuidadosamente ocultada en la muralla de la ciudad, lo que permitió encontrarla en excelente estado de conservación.

Al sur de la Alcudia se fundó a fines del siglo III a.n.e., una importante colonia cartaginesa, la actual Cartagena.

Por el camino que unía las dos poblaciones, los habitantes de la Alcudia vieron pasar a los soldados del cartaginés Aníbal dispuestos a conquistar Roma. Y por el mismo camino, pero en sentido contrario, llegó después para quedarse el victorioso ejército romano.

Los iberos de la Alcudia aceptaron sin enfrentamientos su nuevo destino como parte del Imperio Romano. Es en esta época cuando se documenta por escrito el nombre de Ilici, aunque seguramente era el que designaba también a la ciudad ibera.

Ílici fue la capital de la Contestania, una entidad administrativa de raíz ibérica, que comprendía la provincia de Alicante y parte de las de Murcia, Albacete y Valencia.

A lo largo del siglo II, en el la Alcudia se fabricaron vasos cerámicos con una abigarrada decoración pintada: extrañas aves que se asemejan a rapaces y cuadrúpedos fantásticos que recuerdan a felinos. Junto a ellos, se encuentran representaciones de animales reales y figuras humanas que luchan contra monstruos o evocan leyendas y creencias indígenas. A veces, el motivo principal es una cabeza aislada, símbolo de la divinidad.

Probablemente se trata de vasos que decoraban recintos sagrados o de representación, vinculados a la aristocracia urbana.

Uno de los vestigios más interesantes de La Alcudia es un mosaico que decoraba la habitación principal de una casa particular. Seguramente, su propietario conoció las elegantes casas del mediterráneo central, y quiso evocarlas con la colaboración de artesanos locales. En todo un alarde de aceptación de la cultura romana, mandó incluir nombres ibéricos escritos en letras latinas, aunque incurrió en algunos errores.

Administrativamente, la romanización de la ciudad culminó con la fundación de la Colonia Iulia Ilici Augusta en torno al año 44 y definitivamente hacia el 27 a.n.e. Con ello, la ciudad quedaba integrada en el círculo de ciudades privilegiadas, entre Valentia y Carthago Nova, a cuya demarcación territorial pertenecía. Alrededor, antiguas ciudades ibéricas se convirtieron por estas mismas fechas en municipios romanos, como Lucentum, en Alicante, e Ilunum, en Hellín. Una inscripción, que se conserva empotrada en la fachada del Ayuntamiento de Elche, está dedicada a Tito Estatilio Tauro, cónsul de Roma, patrono de la ciudad y posible fundador de la Ílici romana.

Al momento de la fundación la colonia, corresponde un documento en forma de tabula de bronce que da cuenta de un reparto de tierras. Son entregadas, como agradecimiento por los servicios prestados a Roma, a diez colonos venidos del sur de la Península Ibérica, norte de África, Italia y las Baleares. Los recién llegados se convertirán en la nueva aristocracia de Ílici.

La mayor parte de los vestigios romanos visibles en el yacimiento de la Alcudia se puede fechar entre los siglos I y III. Descubren una ciudad que toma como inspiración a su espléndida vecina del sur, Carthago Nova.

Las excavaciones permiten ver la distribución de las casas, en torno a un patio con estanque, rodeado por un pórtico que da paso a las habitaciones. Bajo el suelo queda la red de alcantarillado, así como las tuberías de plomo con llaves de paso para distribuir el agua potable que llegaba a través de un acueducto o se almacenaba en aljibes. En el interior de este aljibe se halló una escultura conocida como la Venus de Ílici, que se expone en el Museo Arqueológico de Elche.

En la ciudad había dos conjuntos termales, uno a cada extremo de la ciudad; en sorprendente estado de conservación se encuentran las termas orientales, en las que los romanos de Ílici tomaban baños de aguas a distintas temperaturas y disfrutaban de una piscina que se ha mantenido casi intacta hasta nuestros días.

De lo que fue el foro romano, la plaza pública en la que tenían lugar negocios y juicios, apenas quedan algunos espacios.

Sí son evidentes los restos de la muralla que en su día rodearan la ciudad, y después se vieran desbordadas por el crecimiento de la población.

En el Museo de la Alcudia se encuentran también objetos muebles, de adorno, relacionados con la vida cotidiana y las actividades laborales. Este conjunto de tocador de plata, debió pertenecer a una rica dama; incluye una botellita con dosificador, paleta para mezclar cosméticos, espátula y cucharillas.

Ílici, convertida en la ciudad más importante del entorno, se relaciona con el mar a través del Portus Ilicitanus, donde hoy se encuentra Santa Pola. De sus aguas se rescató el sarcófago de Proserpina, conservado en el Museo Arqueológico de Barcelona. Posiblemente, un próspero comerciante de Ílici mandó tallarlo en Roma, pero el barco que lo traía naufragó poco antes de tocar puerto.

A mediados del siglo III, el Imperio Romano y, por lo tanto, Ílici, vivían tiempos de decadencia: los servicios públicos estaban deteriorados y la ciudad había perdido el brillo de antaño.

En esta época de crisis se afianzó el cristianismo, que en el siglo IV se encontraba ya establecido en Ilici.

A este momento corresponden los restos de una basílica con ábside situada al sur del yacimiento. En su interior, un mosaico polícromo con restos de una escena figurada y palabras escritas en griego.

La ciudad se reconstruyó utilizando como cantera de materiales los edificios en desuso que le dieran esplendor en época romana. Los visigodos, procedentes del centro de Europa y convertidos oficialmente al cristianismo, ocuparon gran parte de Hispania y, convirtieron Ílici en sede episcopal, en ciudad en la que residía el obispo. El obispo no sólo era el administrador de los bienes de la iglesia, sino también el representante del poder civil de la ciudad.

En el siglo VI, los romanos de Oriente, cristianos ortodoxos de cultura griega, se propusieron reconstruir el imperio. Conquistaron el norte de África y parte de la costa mediterránea. Ilici quedó integrada en la órbita bizantina y el griego volvió a escucharse en sus calles.

Ante la llegada de los bizantinos, el obispo y los seguidores de los visigodos huyeron a la ciudad de Elo, cerca de la actual Hellín. Poco después, el rey visigodo Suintila, expulsará definitivamente a los bizantinos e Ilici volverá a ser sede del obispo.

En el siglo VIII, aprovechando las luchas de poder entre los visigodos, los árabes musulmanes iniciaron la conquista de la península. Un noble visigodo cristiano, Teodomiro, pactó con los árabes cierta autonomía para siete ciudades a cambio del pago de una serie de tributos. Ílici era una de ellas.

Pero el lugar en el que vivieron setenta y cinco generaciones de hombres y mujeres, no perduró mucho tiempo. Los musulmanes, que la llamaban Ils, la fueron abandonando en beneficio de una nueva ciudad de la que heredó, aunque alterado, su nombre: Elx.

Al lugar que ocupaba Ílici le llamaron, a partir de entonces, la colina, que en árabe se dice al-Kudia.

La Alcudia, Luz para Ilici

Una producción del Taller Digital para la Universidad de Alicante y la Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica La Alcudia
Operador de cámara y editor, Javier Cabrera
Ayudantes de cámara, Pilar Ruiz y Óscar Oncina
Ayudante de edición, Pilar Ruiz
Técnico de postproducción y autoría DVD, Óscar Oncina
Locutor, Francisco Guarinos
Compositor de la música original, José Antonio Bornay
Asesores históricos, Lorenzo Abad y Mercedes Tendero
Guionista y realizador, Javier Cabrera
Con agradecimiento a
Museo Arqueológico de Elche "Alejandro Ramos Folqués" – MAHE
Museo Arqueológico Provincial de Alicante – MARQ
Museo del Mar, Santa Pola
y a todo el equipo humano de la Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica La Alcudia
 
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